La causa no se llama Toro. Todo comienza con el procedimiento realizado en 2005, cuando son detenidos dos compradores. Los expedientes llevan sus nombres, y el juez federal (Daniel Bejas) ordenó sobre esta base otros allanamientos.
El 30 de septiembre de 2006, en la casa de Manuel Toro estaban Aguirre, Martínez, Johana Toro y Verónica Paola Toro. Alguien había estado vendiendo drogas allí, y no había sido "Maño", pues no estaba allí. Y, lo más llamativo: la droga secuestrada era de calidad similar a la que tenían los compradores. La casa de Margarita, está demostrado por el allanamiento realizado en enero de 2009, tenía conexión con la de Sandoval. La habitación de Díaz también estaba en esa vivienda.
Algo llama mucho la atención. Sandoval dice que se gana la vida como canillita. ¿Pero qué hacía un vendedor de diarios despierto y drogado a las 2.40? ¿Qué clase de dependencia tenía hacia su tía, Margarita Toro?
En cuanto a Manuel Toro, en su indagatoria se hizo cargo de la droga. Admitió que lo único que sabía hacer era comercializar estupefacientes, y aseguró que los secuestros en la casa de Ana Verónica y de Paola eran suyos.
En la propiedad de Martín Toro, la Policía encontró la sustancia ilegal en el suelo. Posiblemente la dejó allí Marta Ligerón. En esa vivienda había $ 34.622.
Acá es evidente que hubo una organización. ¿Cómo se entiende, si no, que todos los acusados sean familiares? ¿Cómo habría sido posible conseguir un volumen tal de venta?
Por eso, por los delitos de tenencia con fines de comercialización agravado por conformar una organización, solicito para Manuel Arnaldo Toro la pena de nueve años de prisión, para Margarita Toro, siete años de prisión, para Ana Verónica Toro, Verónica Paola Toro y Martín Justino Toro, seis años de prisión; y por el delito de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, solicito cinco años de prisión para Walter Sandoval; cuatro años y seis meses para Martínez, Ligerón y Díaz, y cuatro para Aguirre. Además, solicito que Manuel y Margarita Toro sean considerados reincidentes.
Hay algo que no quiero dejar de decir. Defender la vigencia de la norma es defender la salud pública; en este caso, se trata de la salud de nuestros jóvenes. Al hacer respetar la norma, hacemos respetar los bienes jurídicos de nuestra sociedad.
El 30 de septiembre de 2006, en la casa de Manuel Toro estaban Aguirre, Martínez, Johana Toro y Verónica Paola Toro. Alguien había estado vendiendo drogas allí, y no había sido "Maño", pues no estaba allí. Y, lo más llamativo: la droga secuestrada era de calidad similar a la que tenían los compradores. La casa de Margarita, está demostrado por el allanamiento realizado en enero de 2009, tenía conexión con la de Sandoval. La habitación de Díaz también estaba en esa vivienda.
Algo llama mucho la atención. Sandoval dice que se gana la vida como canillita. ¿Pero qué hacía un vendedor de diarios despierto y drogado a las 2.40? ¿Qué clase de dependencia tenía hacia su tía, Margarita Toro?
En cuanto a Manuel Toro, en su indagatoria se hizo cargo de la droga. Admitió que lo único que sabía hacer era comercializar estupefacientes, y aseguró que los secuestros en la casa de Ana Verónica y de Paola eran suyos.
En la propiedad de Martín Toro, la Policía encontró la sustancia ilegal en el suelo. Posiblemente la dejó allí Marta Ligerón. En esa vivienda había $ 34.622.
Acá es evidente que hubo una organización. ¿Cómo se entiende, si no, que todos los acusados sean familiares? ¿Cómo habría sido posible conseguir un volumen tal de venta?
Por eso, por los delitos de tenencia con fines de comercialización agravado por conformar una organización, solicito para Manuel Arnaldo Toro la pena de nueve años de prisión, para Margarita Toro, siete años de prisión, para Ana Verónica Toro, Verónica Paola Toro y Martín Justino Toro, seis años de prisión; y por el delito de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, solicito cinco años de prisión para Walter Sandoval; cuatro años y seis meses para Martínez, Ligerón y Díaz, y cuatro para Aguirre. Además, solicito que Manuel y Margarita Toro sean considerados reincidentes.
Hay algo que no quiero dejar de decir. Defender la vigencia de la norma es defender la salud pública; en este caso, se trata de la salud de nuestros jóvenes. Al hacer respetar la norma, hacemos respetar los bienes jurídicos de nuestra sociedad.